De la Pirámide Tradicional a la “Pirámide Invertida”: Cómo cambió la alimentación oficial en EE. UU. Bajo Trump
Estados Unidos vive un momento inédito en materia de política pública nutricional: tras décadas de recomendaciones basadas en gráficos como la pirámide alimentaria clásica con cereales en la base y el modelo MyPlate, la administración del presidente Donald Trump ha impulsado una nueva guía alimentaria federal que da un giro radical al énfasis nutricional, priorizando proteínas, grasas naturales y alimentos “reales” por sobre los carbohidratos refinados y ultraprocesados, reabriendo en la comunidad científica y política internacional, un debate histórico sobre qué significa realmente comer bien.
Los orígenes: cómo empezó la guía alimentaria en EE. UU.
1980: primeras guías oficiales
Las primeras Dietary Guidelines for Americans (Guías Alimentarias para los Estadounidenses) se publicaron en 1980 buscando reducir enfermedades crónicas a través de mensajes simples: variedad, equilibrio y limitación en el consumo de de grasas saturadas, azúcar y sodio.
Con el paso de los años, estas guías se revisan cada cinco años para incorporar la evidencia científica más reciente.
1992: aparece la pirámide alimentaria tradicional
En 1992, el USDA presentó el Food Guide Pyramid, probablemente el gráfico nutricional más famoso del mundo. La idea era mostrar qué grupos de alimentos debían consumirse en mayor proporción.
Su mensaje era claro:
- Base: cereales, pan, arroz y pasta
- Nivel intermedio: frutas y verduras
- Nivel superior: proteínas y lácteos
- Cima: grasas y dulces, a consumir “con moderación”
Este modelo se exportó al mundo y marcó una era dominada por el paradigma low-fat / high-carb.
Las críticas al modelo clásico: ¿Qué empezó a fallar?
Con el paso de los años, la pirámide comenzó a recibir cuestionamientos:
- No diferenciaba calidad de alimentos (integrales vs refinados)
- Demonizaba todas las grasas por igual
- Coincidió con el aumento de obesidad y diabetes en EE. UU.
A partir de los 2000, distintos estudios pusieron en duda que una dieta alta en carbohidratos refinados y baja en grasas fuera la mejor estrategia para la salud metabólica.
2005 y 2011: intentos de modernización
En 2005, la pirámide evolucionó en la llamada MyPyramid, que incorporó actividad física como parte de un estilo de vida saludable y cambió la presentación visual para enfatizar el movimiento y la personalización.
Sin embargo, años más tarde, en 2011, el USDA reemplazó la pirámide por MyPlate, un diseño de plato dividido en secciones para representar proporciones de frutas, verduras, granos y proteínas, con un vaso de lácteos al costado. El objetivo era que la imagen fuera más intuitiva para orientar elecciones en el plato de cada comida, simplificar el mensaje, aunque sin resolver del todo el debate sobre macronutrientes y alimentos ultraprocesados.
El nuevo cambio de paradigma: la “nueva pirámide” de Trump, pero invertida
En enero de 2026, bajo la administración de Donald Trump, el gobierno federal estadounidense presentó las Guías Alimentarias para los Americanos 2025-2030 junto con un nuevo gráfico de pirámide alimentaria, marcando un giro ideológico (bajo el discurso de “comida real”) y también práctico en la política nutricional del país.
¿Qué propone la nueva pirámide?
A diferencia de la pirámide tradicional, que colocaba los granos en la base, la nueva versión invierte la lógica y pone en la parte superior, es decir, enfocada y central en la dieta, alimentos como:
- Proteínas de calidad (carnes, pescado, huevos, legumbres, frutos secos)
- Lácteos enteros (leche, queso, yogur)
- Grasas saludables (aceites naturales, manteca, incluso grasa vacuna como beef tallow en algunas menciones)
- Frutas y verduras frescas o mínimamente procesadas
Mientras tanto, los granos quedan relegados a la base y ya no son la prioridad de consumo diario como en modelos anteriores.
El enfoque central del cambio es lo que la administración caracteriza como “comida real” (Eat Real Food), con la intención de alejar a la población de productos ultraprocesados y azúcares añadidos y priorizar alimentos con nutrientes densos. Aunque no se trata solo de un gráfico, la pirámide reaparece como símbolo, pero con una lógica prácticamente invertida respecto del modelo de los años 90.
Las razones detrás del giro: Motivaciones y discurso oficial
El cambio fue presentado por el secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien en repetidas ocasiones ha defendido una visión que prioriza alimentos sin procesar y ha criticado las recomendaciones anteriores que enfatizaban carbohidratos y limitaron grasas y proteínas. Según sus declaraciones, estas nuevas guías buscan “restaurar el sentido común” y reducir las enfermedades crónicas mediante dieta y nutrición.
Además, la administración también firmó leyes como la que devuelve la leche entera a los programas de alimentación escolar, permitiendo servir leche entera y 2% en escuelas públicas, a contramano de políticas anteriores que promovían productos lácteos descremados o bajos en grasa.
El cambio responde a varios factores:
- Críticas al rol de la industria alimentaria en las guías previas
- Aumento sostenido de enfermedades metabólicas
- Mayor aceptación científica de dietas más altas en proteínas y grasas
- Un discurso político que busca diferenciarse del establishment sanitario previo
Apoyos y controversias
¿Fin de la pirámide o nuevo comienzo?
El debate sigue abierto. Lo que está claro es que la pirámide alimentaria ya no es un consenso, sino un reflejo de cómo la nutrición también está atravesada por ciencia, política, industria y cultura.
El nuevo enfoque ha sido recibido con reacciones polarizadas:
Críticas desde la comunidad científica
- Muchos expertos señalan que priorizar carnes y productos altos en grasas saturadas podría contradecir décadas de evidencia que asocia dietas altas en estos componentes con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud.
- La vuelta a una pirámide puede resultar menos intuitiva que el modelo MyPlate, dificultando la comprensión pública de las recomendaciones alimentarias.
- Grupos ambientales criticaron la promoción de grandes cantidades de carne roja por su impacto ecológico, incluyendo emisiones de gases de efecto invernadero.
- Riesgo cardiovascular por grasas saturadas
- Impacto ambiental del mayor consumo de carne
- Mensajes potencialmente confusos para la población general
Apoyos dentro de ciertos sectores
- Defensores del cambio aseguran que estas recomendaciones podrían estimular el consumo de alimentos nutritivos y combatir la prevalencia de productos ultraprocesados en la dieta estadounidense.
- La industria de lácteos y carnes le ha dado recibimiento favorable a la nueva orientación, en especial por el retorno de productos enteros y por el impulso a sus sectores productivos.
- Menos ultraprocesados
- Más densidad nutricional
- Recuperación de alimentos tradicionales
En conclusión
La nueva pirámide alimentaria de Estados Unidos representa un cambio profundo en la narrativa oficial sobre nutrición: del énfasis anterior en granos y equilibrio de grupos hacia una apuesta por proteínas, grasas naturales y alimentos poco procesados. Aunque el objetivo declarado es mejorar la salud pública, el enfoque ha desencadenado intensos debates sobre ciencia nutricional, impacto en políticas públicas y el papel que el gobierno debe jugar en la orientación alimentaria de su población
Carolina Caligiuri
Licenciada en Nutrición – Especialista en Nutrición Deportiva
MN: 4797

